Skip to content Skip to navigation

"Será un orgullo"

"Será un orgullo"

Published: December 12, 2016

Por Fernando Becerra

[English]

A mis 5 años de edad vi la película del libro de la selva y desde entonces me convertí en un ávido consumidor de la industria cinematográfica, porque a través del cine podía viajar a distintos países y vivir diversas aventuras.

Conforme fui creciendo tuve la oportunidad de conocer distintos destinos, conociendo lo más bello de algunos estados y países, realizando viajes de autoconocimiento, viajes de aventura, escapadas, negocios, etc., los cuales siempre me han dejado grandes experiencias y creía que me habían cambiado la vida, lo cual de cierta manera, fue así.

Miembros de la Misión InternacionalNo obstante, el viaje emprendido con la Misión de Observación de Derechos Humanos, el cual comenzó en la ciudad de Guatemala, Guatemala y terminó en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, ha sido un viaje que ha marcado mi vida.

Ojalá tuviera la capacidad de hacerles sentir con las letras, el cúmulo de emociones que experimenté en este viaje. Si piensan que se parece a poner todos sus sentimientos en una licuadora, se equivocan. Fue más bien, como estar en un día soleado y sumamente caluroso (como si estuvieran en Frontera Comalapa, Chiapas o Arizona, Estados Unidos, en el verano más caluroso) utilizando el corazón como una lupa. Pongan esta “lupa” sobre la razón, quemándola poco a poco.

Cómo ignorar a una madre que te ve a los ojos, e intentando contener sus lágrimas, te cuenta que desconoce donde se encuentra su hijo y a pesar de buscarlo, con todos sus recursos, durante 10 años, aún no tiene la menor idea qué fue de él.

Lo único que pide es que alguien la escuche, sin que le diga “que ese no es su problema”, le apena llorar, pero no puede contener que algunas lágrimas rueden por sus mejillas. Al término de las charlas, con la entereza de un roble, se acerca a nosotros y nos ofrece café y “champurradas”, se disculpa al retirarse, pero debe viajar 5 horas de regreso a su comunidad….

Cómo ayudar a un líder indígena que ha peleado por más de 15 años porque las compañías mineras no destruyan su hogar, el cual es hogar de todos y puedo asegurar lo anterior, porque un cuarto del agua potable que llega a la población urbana es generada a través de este río.

Nos contó haber sido encarcelado por más de año y medio, amenazado con ser privado de la vida y hostigado por diferentes autoridades, por defender su casa, y a pesar de todo, confiesa apenado, que no cree en la violencia y que sólo desea que la “vida sea protegida, porque nuestra madre tierra nos da todo y nosotros le quitamos todo”.

Cómo explicar la falta de atención institucional a la niñez deportada, la cual ha sufrido desde antes de salir de país diferentes violaciones a sus derechos. Así como, la explotación laboral que sufren cientos de guatemaltecos en las fincas guatemaltecas y mexicanas.

Cómo agradecer la confianza de las personas que cuentan sus historias, inclusive de aquellas que acompañaban al grupo, no contó que le “tocó vivir lo del conflicto armado interno”, comienza a hablar y dibuja una sonrisa en su rostro pero sus ojos denotan tristeza, comenta como si fuera lo más común del mundo, haber permanecido durante dos meses aislada, comiendo “culebras” y tacos de papa, las comidas más deliciosas que recuerda haber probado…… el hambre…….

Arte comunica el territorio, el cuerpoCómo explicarles a todos aquellos que cruzan un sin número de fronteras que no es “normal” que los humillen, que cuentan con derechos. Niños que huyen porque en sus casas los maltratan, porque las pandillas los acosan, porque no tienen que comer.

Adultos que migran porque deben decidir entre la posibilidad de morir en el camino o la seguridad de mantenerse y morir de hambre o por el crimen organizado. Cómo ayudar a que las autoridades que “deciden” a entender que no se trata de números, de “peligros”, se trata de seres humanos, tan humanos como sus hijos, como sus padres, como nosotros.

Cómo no indignarse ante el conocimiento de las violaciones sexuales cometidas por “agentes de seguridad privada”, de cobros excesivos de luz, de golpizas, de secuestros, de todo aquello que pereciera inimaginable para aquellos que tenemos la fortuna de poder ir a dormir tranquilos, sin miedo a morir, sin miedo a ser despojado de lo que más amamos.

Pareciera que la humanidad ha perdido lo que le quedaba de humanidad, todo el panorama se ve oscuro, tanta corrupción, impunidad, tanta muerte y tan poca justicia, la victoria electoral del nuevo presidente de Estados Unidos, el No a la paz en Colombia, el “Brexit”, el descaro en la colusión con el crimen organizado, la falta de asistencia médica, etc, etc, etc.

Lo anterior, aunado a mis experiencias de mis anteriores empleos, mediante los cuales enfrenté diversas situaciones y escuché historias que me hicieron perder parte de mi fe en la humanidad, entonces, ¿Por qué no perder la esperanza, ante todas estas situaciones?

No tengo una respuesta, pero puedo asegurarles que, quien haya perdido toda esperanza tiene razón de haberla perdido, sin embargo, a estas personas los invito a hacer este viaje, porque les aseguro que detrás de toda la indignación, impotencia, e incredulidad que vivirán, las personas que lleguen a conocer les van a dar el regalo más hermoso, la fuerza que olvidamos en el camino.

Los que tuvimos el honor de participar en esta Misión de Observación, fuimos bendecidos por una ceremonia maya realizada por líderes espirituales de las comunidades originarias y les puedo asegurar que los presentes, adquirimos el compromiso de no darnos por vencidos, de hacer lo que esté en nuestras manos para hacer un cambio, desde agradecer por un nuevo día, ayudar a quien sea que lo necesite y cuando la palabra, cuando la razón, cuando los medios legales hayan fallado, gritar fuerte, tan fuerte como sea posible,  tomarnos de la mano y con la fuerza de la “pachamama” reconocernos como un gran uno.

Orgullosos (como deberíamos estarlo todos que tenemos el orgullo de llevar sangre indígena-mestiza), defienden su derecho identitario, señalando que no sólo protegen sus casas o terrenos, protegen a la madre tierra, a aquella a la que le debemos la vida, la que es vida, a la que le hemos quitado todo y no le hemos dado nada de vuelta, señalando contundentemente que “si se ha de perder la vida, por la vida, será un orgullo otorgarla”.

Cuanto nos falta por aprender…

 Fernando BecerraFernando Becerra es el consultor para el Programa de México de American Friends Service Committee. Nativo de la Ciudad de México, tiene una licenciatura en el Derecho Internacional, y anteriormente trabajaba con el Instituto Nacional de Migración (INM) y la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).

 

close